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 Programa Empresa-Emprendedor

En el mundo laboral los trabajadores que pierden su puesto de trabajo después de alguna de la causas que lo han motivado (despido, reestructuración de plantilla, etc.) no lo tienen fácil.

A veces, los profesionales de recursos humanos son los culpables de esta situación, descartando candidatos cuando no se ha profundizado en los motivos de su fracaso, tratando de separar los aspectos coyunturales de los estructurales, es decir, de fuera o de dentro de su ámbito de influencia. Y dentro de los de este último, sabiendo apreciar lo que suponen de aprendizaje.

Sin pretender generalizar, porque hay personas que se sumergen en un abismo depresivo, el fracaso laboral tiene importantes efectos positivos sobre la persona.

El primero, y más importante, es que aumenta la madurez personal, y ello como consecuencia del sufrimiento que han padecido.

Aumenta el conocimiento de uno mismo, se aprende a valorar lo que se tiene y mejoran mucho las actitudes.

Además se aclaran las prioridades, con lo que se mejora la capacidad de gestión. Se valoran mejor los problemas y, en consecuencia, la capacidad de análisis.

Se gana en conocimiento de las propias limitaciones y, por tanto, se escucha y se trabaja mejor en equipo.

También el propio conocimiento ayuda a conocer mejor a los subordinados, a los que se ayuda más, y se aprende a delegar en quien se puede.

Cualquier situación de dificultad les parecerá poca cosa en comparación con la situación anteriormente pasada, luego trabajarán mejor bajo presión. Y pueden ser unos grandes empresarios o empresarias.

Los trabajadores que estén pasando por una situación traumática de un despido o una reestructuración empresarial no deben pensar que la oportunidad de vivir ya ha pasado, sino que la realidad que viven es una nueva oportunidad, un desafío: que o bien se puede convertir la experiencia en victoria –la vida en un triunfo interno- o bien se puede ignorar el desafío y limitarse a esperar otra oportunidad de trabajo, la cual es bastante difícil de encontrar y más en algunas edades, como hacen muchos de los trabajadores que pierden su puesto de trabajo.

Un fracaso laboral, en realidad, es una oportunidad, un desafío para la persona. Lo malo del fracaso no es tenerlo, sino tenerlo y no aprovecharse de él; no verlo como un reto, una situación en la que se puede conseguir un gran crecimiento personal.

Séneca decía que no aprendemos gracias a la escuela, sino gracias a la vida, y un proverbio oriental dice que la joya no puede ser pulida sin fricción, ni el hombre perfeccionarse sin dificultades. Se puede caer en la desesperación y en la apatía, pero no se soluciona nada.

Lo que hay que hacer es un análisis serio de los motivos, sacar consecuencias, y mirar para adelante.

Quizá sea el momento de convertirnos en empresarios.

No todo aquel que tiene entre cuarenta y cincuenta años es poco emprendedor. Tele Pizza (uno de los negocios más exitosos de comida rápida a domicilio) fue fundada por una persona de 40 años.

Este programa pretende formar a trabajadores por cuenta ajena que han perdido su puesto de trabajo, para convertirlos en empresarios con la ayuda de las empresas que han tenido que prescindir de sus servicios y que incluso en un futuro estos podrán prestar servicios a través de la subcontratación a estas empresas que han recortado sus plantillas.

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